¿El fin de la cerveza real?

¿El fin de la cerveza real?

El polémico choque entre la tradición europea y la fiebre artesanal

Durante casi 500 años, una ley alemana llamada Reinheitsgebot dictó que la cerveza solo podía tener tres ingredientes: agua, cebada y lúpulo. Para los puristas, esto es la Biblia. Para la nueva ola de maestros cerveceros, es una camisa de fuerza.

Los ingredientes

La polémica estalla cuando entramos en una tienda de cervezas hoy en día. ¿Es “cerveza” una bebida que sabe a tarta de queso, tiene lactosa, puré de mango o incluso restos de pizza?

Los Tradicionalistas: Argumentan que añadir “artificios” oculta los defectos de una mala fermentación. Para ellos, la maestría reside en sacar matices complejos solo con cereal y levadura.

Los Revolucionarios: Sostienen que la cerveza es la bebida más versátil del mundo y que limitar la creatividad es estancar la cultura. Si el vino experimenta y la coctelería evoluciona, ¿por qué la cerveza debe quedarse en el siglo XVI?

¿Se trata de cultura?

Lo que está en juego no es solo el sabor, sino la identidad cultural. Mientras Bélgica defiende sus fermentaciones espontáneas, Estados Unidos lidera una carrera por ver quién añade el ingrediente más extraño.

¿Se trata de evolución?

¿Es un sacrilegio ponerle café a una Stout? ¿Es un pecado que una IPA huela a maracuyá? La respuesta depende de qué busques: la seguridad de la historia o la aventura de lo desconocido. Lo cierto es que esta “guerra” ha salvado a la industria.

La polémica atrae curiosos, y los curiosos se convierten en clientes. Al final, quizás la mejor cerveza no sea la más pura, sino la que genera una conversación tan intensa como su propio sabor.

*Revista Ligera/ Enero 11 de 2026